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Las selvas de Antioquia desaparecen. Cuando comenzó el Pacto por los Bosques a comienzos de la década, la deforestación era de 25.000 hectáreas al año, bajó a 19.000 entre 2013 y 2014, para volver hoy a aquella tasa. ¿Qué pasó?

Eso se pregunta Adriana Pérez, coordinadora del Pacto al destacar el resaltar el trabajo que comienza a hacer el Observatorio de Bosques de Antioquia, con el cual se lanzó el libro que presenta el estado actual del bosque andino y los retos para su conservación.

Las cifras no son halagadoras: de los 2,7 millones de hectáreas boscosas que había en 1990, 25 años después quedaban 2,2 millones. De los bosques andinos, aquellos sobre los 1.000 metros sobre el nivel del mar y que contienen una elevada biodiversidad solo quedan poco más de 500.000 hectáreas, el 39% de la cobertura original.

Son fuente de servicios ecosistémicos, como la provisión del agua: 100 % de la que se consume en Medellín y el Aburrá llega de ellos.

De hecho, en uno de los capítulos, el investigador Daniel Carrascal Ruiz demuestra que “ya podemos observar cambios como déficit hídrico, en tiempo seco, debido a la desaparición de humedales a causa del cambio climático”.

Toda esta información está en la plataforma virtual del Observatorio, en la cual se puede consultar además el geoportal que revela, de manera interactiva, la situación de la cobertura boscosa en las distintas regiones.

“Tenemos mucho, pero hemos de forma incoherente ignorado lo que tenemos, hemos maltratado de forma implacable, continua y sin miramiento alguno, un enorme patrimonio, en nuestro caso tener mucho, y no saber lo que se tiene, nos impide valorar, y amar lo que se posee, al final es como si no tuviéramos nada”, expresa el científico Ricardo Callejas en el prólogo del libro que reúne una serie de investigaciones sobre los bosques antioqueños, con énfasis en el andino.

Participaron 66 autores de 20 instituciones, indica Estela Quintero Vallejo, coordinadora del Programa de Bosques Andinos, con la idea de cerrar la brecha entre quienes investigan y el ciudadano, que puede conocer diferentes aspectos del estado de esa cobertura, incluida la vida que contiene y que se encuentra amenazada.

Deterioro

De bosques andinos la cobertura era 1.210.000 hectáreas en 1990, bajando en 2015 a 530.000 hectáreas, uno de los ecosistemas más afectados con una deforestación de unas 21.200 hectáreas anuales, solo detrás de los bosques secos que se redujeron 55%.

Apenas cuatro municipios han recuperado masa boscosa: Angostura, Carolina del Príncipe, Giraldo y Yalí.

No es solo eso. La fragmentación es decir parches boscosos de menos de 100 kilómetros cuadrados, suman 881.600 hectáreas, afectando el hábitat de las especies que viven en ellos.

Ahora solo existen bosques continuos hacia límites con Chocó, en Paramillo, y Las Orquídeas, farallones del Citará, una parte de Jardín, Anorí, estribaciones de Serranía de San Lucas y Sonsón, el 21 % del departamento de Antioquia.

De 63 áreas protegidas, 40 presentan algún grado de deforestación. Al momento, por ejemplo, se degrada Paramillo, mientras que aumenta el bosque en Las Orquídeas.

En algunas de esas áreas la cobertura aumentó entre 5 y 10 %, indicador de la importancia de proteger.

En el Valle de Aburrá, el municipio de Caldas, donde se encuentra el alto de San Miguel y nace el río Aburrá, aún conserva 40 % de cobertura boscosa preservada pero la tasa de deforestación aumentó de manera dramática a 90 hectáreas año.

A partir de 1950, advierten los autores, solo queda 5 % del bosque antioqueño intacto, con una tasa de deforestación más alta que el promedio nacional. Al andino solo le quedarían 35 años.

Cambios

Esa transformación se ha dado, entre otros factores, por la expansión de la ganadería, sostienen en su artículo Sebastián González y Álvaro Vásquez, pero hay más.

Otro capítulo revela que entre 2000 y 2017 se contaron 1.320 incendios forestales (del tamaño y duración suficientes para ser registrados por los satélites, 500 metros y más de un día), 617 de ellos en selva densa y 149 en vegetación secundaria baja.

En promedio cada conflagración compromete 25 hectáreas. Así, fueron arrasadas 15.000 en ese lapso, que emitieron 1.470.000 toneladas de carbono.

Es que los bosques son grandes sumideros de carbono. En distintas parcelas en el departamento, los investigadores Miguel Peña y Álvaro Duque reportaron un contenido de 98 (+/- 22) toneladas de carbono por hectárea.

Es un aporte al calentamiento para tener en cuenta cuando se deforesta.

Habitantes

Pero los bosques andinos no son solo árboles, sino la vida que contienen. Y el libro del Observatorio presenta varios casos significativos.

Las orquídeas, es uno. Son 1.488 especies de 178 géneros, 34 % del total nacional, siendo los altiplanos de Santa Rosa de Osos, Río Negro y Sonsón sobre la Cordillera Central, los que más tienen, casi el 30% de la riqueza total de orquídeas y la vertiente oriental de la Cordillera Central con la mayor diversidad de géneros.

Son 11 especies las que necesitan prioridad en los programas de conservación.

Las palmas son otros habitantes: 101 nativas de Antioquia, 40% de todas las del país, de las cuales 38 de los bosques de niebla están afectadas por la pérdida de hábitat.

También es el caso de las 13 especies de magnolias del departamento: 10 son prioritarias para conservar, estando 3 en estado crítico y 6 amenazadas, siendo el estado general de conservación preocupante de acuerdo con el estudio de Álvaro Cogollo, Marcela Serna y César Velásquez.

Es difícil la situación para las seis especies de felinos que habitan las selvas antioqueños, de las siete que hay en el país: jaguar, puma, ocelote, margay, tigrillo y yaguarundí.

Son animales que necesitan amplios requerimientos de hábitat y presas. Habitan en el bosque andino, donde se concentra también la mayoría de la población humana.

En el estudio se encontraron 290 registros de estos felinos, sobre las cordilleras Central y occidental, hasta los 3.260 metros de altura. El puma es la especie más vista, en particular en alrededores del Valle de Aburrá y los páramos del norte.

La mayor amenaza de los felinos está en la fragmentación y pérdida del hábitat, conduciendo a conflicto con humanos y a atropellamientos en las carreteras.

Pero hay muchas más especies en los bosques andinos antioqueños como murciélagos y una amplia variedad de insectos cuya presencia también se incluyó en el libro.

No es una información estática. Sebastián González, investigador y uno de los gestores del portal, aclara que se busca publicar investigaciones de toda clase que incluyan los bosques del departamento, en particular los andinos, información que estará dispuesta para cualquier persona.

Igual acontece con el geoportal: en él el usuario puede ver el estado de la deforestación en un punto específico, crear un polígono para ver esos datos en zona más amplia, además de otros indicadores del lugar, estado que se irá actualizando también.

Es que, reafirma Ana Milena Joya, gerente ambiental de proyectos de Empresas Públicas de Medellín, “interesa conocer el estado (del bosque andino) y compensarlo en los proyectos”, que de todas maneras generan algún impacto. De ahí la presencia de esa empresa en el Programa.

Es que así esté fragmentado e intervenido, existe en casi todas las regiones, incluso en el Valle de Aburrá, cuenta María del Pilar Restrepo, subdirectora Ambiental del Área Metropolitana. “Es fundamental para el recurso hídrico y la protección de la biodiversidad. Protegerlo disminuye el riesgo sobre las quebradas”.

Así, en uno de los departamentos con mayores registros biológicos del país y uno de los más degradados en su cobertura boscosa, surge el Pacto por los Bosques y ahora el Observatorio con el programa de Bosques Andinos del cual forman parte la agencia suiza para el Desarrollo Cosude con el consorcio Helvetas y Condesan que llega gracias al Pacto y una alianza con el Área Metropolitana, la Corporación Masbosques, Empresas Públicas y el Jardín Botánico de Medellín.

Diana Milena Arango, directora del Jardín, afirma que estas son herramientas para la toma de decisiones y “un llamado a la ciudadanía y las instituciones, pues la responsabilidad es de todos. Es necesario generar una alerta para que no se pierda más (bosque), preservar y restaurar”.